La escuela pública es verde.

 

             Da igual ser de Lugo, Cádiz o Madrigueras, tener  5 o 35 años o ser rico o pobre. Hay algo que  es común a todos nosotros y no es sufrir a la Selección de Fútbol. Siguiendo la línea del artículo sobre como el butano es un elemento que nos une, voy a añadir a la lista el mobiliario de los colegios e institutos. Si alguien dice “verde silla” o “verde mesa”, el 99% de las personas pensamos en lo mismo….científicamente demostrado.

         La primera pregunta que me viene a la cabeza es  saber el nombre del empresario que fue capaz de colocar el mobiliario de todos los colegios de un país. Prefiero no saber el dinero que tiene ni a que ministro/s untó para conseguir un despliegue, que ya querrían los de Zara o Telefónica. La cosa no se quedaba en las mesas y las sillas, había toda clase de complementos. El primero la mesa del profesor,  luego iban los percheros, las mesas de la sala de juntas y en algunos colegios hasta las puertas  y los bordes de las pizarras iban  a juego de ese verde legionario-lejía-pistacho-transición–española.

         Cuando salías del colegio y llegabas ilusionado al nuevo instituto, veías que las tetas empezaban a crecer a tu alrededor, pensabas que todo iba a ser distinto… pero no! Pesadilla! Alguien había cogido las mesas de tu clase de EGB y las había llevado a tu instituto. Que gran plan el de Francisco Franco y la UCD…todo niño español tendrá derecho a una mesa y una silla a juego.

         Tantos años con el mismo mobiliario hacían que cada uno se decorase su mesa a gusto para no parecer una oficina, ni confundirse al llegar a clase y sentarse  en el sitio de otros. El que no recuerde peleas por sentarse en sitio ajeno, debe ser extranjero, de Andorra, o algo peor. Lo malo de decorar la mesa tan profusamente y  no renovarla con el paso del tiempo, es que se acumulaban una serie de pintadas de distintas generaciones  en las mesas, que deberían ser estudiadas para ver los cambios en la sociedad española.

         Yo tenía una mesa que ponía “el que me quite el sitio, le parto la cara. Paco.1982” Estuve acojonado 6 meses pensando que el tal Paco debía de ser por lo menos de 7º de EGB y que un día en el recreo me iban a vestir de torero a ostias. Más tarde comprendí que Paco debe de tener ya mujer, hipoteca y niños pintando en las mesas y no iba a pasar nada.

         Sin embargo, dejar huella no era nada fácil. El boli y el lápiz desaparecían al pasarles la mano, no se usaban para inmortalizar una obra….sino para hacer chuletas. Si se quería firmar para siempre, o joderle a alguien la mesa de por vida, había que hacer uso del compás. Se tallaba en la mesa lo que se quería, después se frotaba con un lápiz encima de todo lo escrito y luego al pasar la goma de borrar por encima, ¡magia!.  Ya todo el mundo podría ver lo que habías escrito hasta el fin de los tiempos y la seño te podía poner un cero bien gordo por joder la mesa en cualquier momento del curso.

La versión más hardcore de la decoración de la mesa era la combustión directa (joder-con-el-menchero) y perforación a cielo abierto (hurgar-con-el-compás). Ese terreno era para  la gente que suspendía hasta plástica y que luego vendían pipas por la calle. Aunque eran destructivos, cumplían su función en el ciclo de vida del mobiliario. Si no fuera por ellos, es posible que un día mi nieto encuentre la mesa con la firma de gente que lleva muerta muchos años… y se acojone pensando en que Paco le va a partir la cara un día de estos. Gracias a las obras de  los inadaptados sociales, las mesas se iban renovando o se mandaban al tercer mundo. Nunca lo sabremos.

Antes de despedirme y dejaros pensando en que pusisteis en vuestra mesa, pido guardar un minuto de silencio  en memoria del pobre pringao al que retocaba la solitaria mesa (o silla) de color amarillo, que nadie sabía como apareció allí y nadie quería por si daba alergia. Para ser normal, opta por el verde

    

         Lute. Defensor de las buenas costumbres y el nudismo femenino