De como internet acabó con las revistas porno

 

            Gracias a este maravilloso invento yanki, grupos de borrachos lamentables y gente de mal vivir (como algún que otro redactor de esta página) pueden ponerse en contacto sin importar lo lejos que estén los unos de los otros. Además he oído decir que algún desaprensivo aprovecha para bajarse películas y música… ¡sin pagar! Madre mía, como se entere Ramoncín y sus amigos de la Innombrable…

            Aparte de eso, resulta que según estudios del contenido  en los servidores, el 50% de los archivos de internet son explícitamente pornográficos (teta, culo, pito, huevecillos) Como resultado de esto, al igual que las cintas y los vinilos, las míticas revistas porno que antes poblaban nuestros kioskos llevan camino de desaparecer… y con ellas un modo de entender la vida muy particular.

            En los tiempos en los que aún mandaba en España el Tío Paco, este tipo de publicaciones no estaban permitidas y la única manera de poder ver cosas que normalmente solo se veían en la esposa era traer de la libertina Francia una serie de revistas en las que salían señoritas de dudosa moral, amen de artículos interesantísimos, ejem.

            Al abandonarnos el Tio Paco (no vuelvas, cabrón) empezaron a aparecer multitud de estas revistas, con las que los españoles (previo pago) podían desear lo que nunca podrían tener y de paso ocupar esos pequeños de soledad antes de apagar la luz, o a la hora de la siesta, o la hora de estar en clase, o…. los hombres de España entre los 12 años y la pitopausia tienen muchos pequeños ratos de soledad.

            Algunos de los nombres que surgieron por aquel entonces, eran “Lib”, “Party”, “Clima”, “Penthouse” y las reinas de todas, la Interviú y la Playboy. En ellas se pudo ver ligeritas de ropa, o directamente sin ella a estrellas  de la época como Maria José Cantudo, Nadiuska, Marisol  e incluso Bibi Andersen. Pensémoslo, ¿que sería de las peluquerías de hombre sin su revistero lleno de Intervius? Muchos descubrieron lo que había debajo de las faldas cuando buscaban dentro de esos revisteros algún Mortadelo.

            A muchos otros no les (nos) hizo falta ir a la peluquería. Teniendo hermanos mayores, primos y padres, cualquier día uno se podía topar con una revista de estas. En mi caso (verano de 1986)  un primo mío se dejó “olvidada” una Interviú debajo de su cama.¿ Qué hacía yo debajo de una cama? Antes no había consolas,joder. La gente jugaba al escondite y esas cosas pasaban. El caso es que aún tengo grabada en la memoria a aquella rubia que corría como Dios la trajo al mundo por un trigal.

Y es que los pechos son como la cocaína. Cuando se cruzan por tu vida, ya no puedes escapar de ellos (acabo de patentar la frase, lo siento)

            Una vez desencadenado este fenómeno, comenzó el tráfico de revistas por doquier, como no podía ser de otra manera en un país como el nuestro. Por supuesto que no eran ninguna sustancia ilegal….si se tenían más de 18 años. Pero es que la sociedad no tenía en cuenta que los menores de 18 años también teníamos nuestros ratos de soledad y mucha energía (pero mucha mucha energía) (pero mucha energía)

            Por ello, comenzó una red de distribución a gran escala por todos los colegios e institutos.  El objetivo era llegar al Kiosko y conseguir el material sin que el kiosquero hiciera demasiadas preguntas. Para esto había una amplia gama de estrategias, a cada cual más retorcida. Si los colombianos meten coca camuflada hasta en osos de peluche, ¿qué no haría un grupo de chavales por sus momentos de soledad?…pero cuanta energía,coño

           

            Si se conseguía convencer a un hermano mayor de 18, ya se había encontrado un suministrador. Normalmente, se le compraba con 100 pesetas o bien se le dejaba ver la revista el primero. Hay que acordarse de que el valor de la mercancía bajaba en función del número de manos por las que hubiera pasado…y nunca mejor dicho. La opción b era encontrar un kiosquero majo y que viviera en un barrio alejado del nuestro por si acaso. Algunos las vendían preguntando entre risas lo de “¿jeje, para qué la quieres tu?, otros aprovechados, te la cobraban más cara  para sacar tajada de este negocio.

            Cuando se tenía en casa, había que esconderla apropiadamente para evitar la vergüenza de la bronca que te echaba la madre o del descojone del padre. Debajo de las camas, de los armarios, detrás de los cuadros, entre otros libros y mil sitios más era donde se hallaba el tesoro más codiciado de la adolescencia.

            Quiero recordar, que era necesaria la habilidad de pasar las páginas y sacar el famoso desplegable central con una sola mano. Me gustaría ver a un chaval de 15 años hacer lo mismo ahora…sin aburrirse de mirar las mismas 15 o 20 fotos semanas y semanas. Desde que llegó internet, se perdió ese pequeño negocio y el arte de esconder las revistas. La enorme avalancha de contenidos de internet hace que no sea necesario pasar un mal rato para ver a estas alegres chicas ni calentarse la cabeza escondiendo la mercancía en algún rincón a merced de una limpieza sorpresa de la habitación.

            Con un ordenador no hay que esconder nada porque todo lo que se ve es de usar y tirar. Las fotos y las ¡películas! van a seguir estando ahí día tras día, no teniendo que crear carpetas secretas, ponerles nombres de películas de Disney o bien tener 10 CDs que pongan “windows XP caribeñas” o cosas así.

            Volviendo a la Innombrable, aún no entiendo como no se quejan de los contenidos pornográficos que se baja la gente de internet. Nadie ha defendido a la industria del porno, donde  míticas revistas como Hustler han dejado ya de existir por la competencia que les supone internet. Las colecciones inacabables de de Playboy, los posters centrales y el famoso “especial de Navidad” están dejando de existir. La habilidad de manejar una revista con una sola mano ha sido sustituida por el click del ratón.

            En España este fenómeno ha llegado un par de años más tarde que al resto del mundo desarrollado, gracias a la fabulosa velocidad de las conexiones de las que disfrutamos. Hay una generación de adictos al porno de internet  que se dejaba los ojos mirando una pantalla en blanco durante el tiempo que tardaba en verse una imagen a pantalla completa de la señorita Pamela Anderson (adóptame) con el ultrarrápido modem de 56Kb. Si, ese MODEM que desconectaba internet cuando alguien llamaba por teléfono. Conozco a más deuno y de dos que han tenido que explicar por qué debajan descolgado el teléfono un par de horas todas las tardes.

            Afortunadamente, las publicaciones que han sobre vivido a internet se han adaptado bien a las nuevas tecnologías. Interviú y Playboy siguen teniendo gran prestigio y actualmente disponemos de nuevas revistas como MAN, FHM y Primera Línea, que siguen llenando los revisteros de las peluquerías y hacen que este tipo de prensa no se extinga.

 

Pablo Luté. Poseedor del ultimo especial de Playboy Enero del 1993 del mundo