Si ha existido un lugar de culto sobre la faz de la Tierra, ese ha sido el salón recreativo. Lugar con su propio hábitat, clima, fauna, flora... El sitio donde se conseguían los sueños, o donde se destruían en mil pedazos. Un lugar para ganar respeto, para mostrar habilidad, valor y poder alcanzar la gloria eterna (al menos en las máquinas con memoria) de las 3 letras, las iniciales que te daban un lugar en el mundo...

Hoy solo parece un recuerdo, pero hubo un tiempo en el cual, cualquier lugar poblado de España debía tener varios de estos salones. Casi han desaparecido, pero antes no podías dejar una manzana atrás sin encontrarte una. En lugares de costa, se podrá constatar que eran el 75% del sector servicios... Y que fauna, repasemos un poco aquella gente entrañable...

 

Los macarras

Cada zona tenía sus propios macarras. Desde jóvenes aprendices de canis, hasta auténticos delincuentes juveniles en potencia... Usaban los motes de sus héroes de la gran pantalla, como el Torete, el Vaca, etc, y siempre cantaban canciones de Los Calis o Los Chicos mientras atracaban a cualquier pringadete con gafas.

Para reconocerlos solo hay que fijarse en el grupo de chicos más bien morenetes y sin camiseta que escupen en el suelo e insultan a todo quisqui (más debil, of course), y que simultanean camisetas blancas de promoción de algún banco o supermercado (normalmente de varias temporadas atrás) con sellos dorados y cadenas de un centímetro de espesor. Además siempre iban a la moda en lo que a sus cabelleras se refiere, pelo cenicero, pelo cazo, ensortijado con mullet, etc...

Solían habitar la parte de billares de la sala, generando una cortina de humo proveniente de sus cigarros que daba al local aquel ambiente portuario de película de los años 40. Si osabas plantarles cara, normalmente no hacían más que intimidarte diciendo que llamarían a un primo, hermano, etc... Pero había algunos peligrosos. No jugaban mucho a las máquinas, más que nada buscaban sus primeros escarceos con drogas y alcohol en un sitio que como todo el mundo sabe es considerado tierra de nadie por la ONU...

 

El viejo "señor" del cambio

A finales de los 90, las máquinas de cambio automático marcaron el fin de la edad de oro de los salones recreativos. Antes de esta aberración de la tecnología, en los salones, habitaban unos ancianos salidos de la España profunda, contraechos y con mala uva, que portaban grasientas riñoneras en las que llevaban cambio, y un jersey beis que siempre vestían, en cualquier época del año.

Muchas veces, para más INRI, solían tener algunas taras físicas, (cojera, chepa, caspa abundante, calvicie seborreica, ojo tuerto,...) que daban un aspecto aun más criticable por los macarras de la sala, que aun así les tenían miedo, ya que "el señor de los recreativos" era el juez único del lugar, y no tenía problema en impartir justicia con su muleta de madera...

 

Los pringadillos

En un momento dado cualquiera podría ser un pringadillo, bastaba con estar en inferioridad de condiciones y ser el punto de mira de algún cabrón. Pero por norma general eran los chicos más jóvenes y con un aspecto más hostiable, vamos, gafas (peor si llevaban esparadrapo), camiseta  con muñequito (paso previo indispensable para camiseta con calavera), y si llevaban uno de esos recipientes de monedas de piscina que se colgaban al cuello, entonces no los salvaba nadie.

Iban ingenuos y felices, muchas veces solos, a estos antros, auténticas selvas urbanas, y cometían la osadía de dejar las monedas en los ceniceros metálicos de las máquinas. La única cosa que los salvaba, es que normalmente se les daba muy bien jugar, y de vez en cuando, se ganaban el respeto de la sala, al menos por un tiempo.

 

El tío que se pasó el "Ghost and Goblins" con 5 duros

Esta es una manera de hablar, ya que todos sabemos que es imposible pasarse el Ghost and Goblins con 5 duros, de hecho, es imposible pasárselo y punto. De estos había dos tipos, los que vivían de la boca, y los que vivían de la habilidad. Los primeros eran unos vacilones que en realidad no tenían ni puta idea, pero que escogían una máquina jodidísima y que nadie había vencido, y se inventaban un final, y claro, como nadie podía corroborarlo, pues ala, a mostrar jeta.

Los segundos si que merecían un respeto. Normalmente eran callados, misteriosos. A su alrededor se generaba un anillo de gente deseosa de fijarse en su habilidad (aunque la mayoría de las veces tapaban los botones para que nadie supiera como lo hacían). La mayoría de las veces ni siquiera necesitaban dinero, ya que siempre había alguno que quería ver como se pasaba la máquina y hacía de socio capitalista, con la única condición de poner sus 3 iniciales al final, siempre que la puntuación no fuera mayor que el record del excelso jugador, claro, esta es una regla no escrita pero que debía cumplirse a rajatabla. Un caso de Negro en videojuegos.

Cuando terminaban su trabajo se daban la vuelta en silencio, y cual Lucky Luck, caminaban hacia el amanecer para llevar su habilidad allí donde fuera necesaria...

 

Los que juegan al flipper porque mola mucha más

Los primeros retro-snobs de los 90. Escuchaban Nirvana y se compraban la ropa en un rastro, pero tenían panoja para enredarte. Para hacerse los guays jugaban a los flippers, como nuestros padres, se las daban de que sabían mucho, pero no tenían ni puta idea de jugar, y en su interior, se morían por echarse un "Street Fighter 2", además cogiendo a Guile, ese símbolo del imperialismo americano. La tontería no les duraba mucho, y al final se convertían en asiduos jugadores del Puzzle Booble haciendo pareja con sus novias...

En la actualidad estudian derecho y son convencidos votantes del PP en un 60%, del PSOE en un 30%, y de nueva falange en un 10%.

El experto mercenario

No confundir con el héroe de antes. Este no tenía que ser un tocado por los dioses, simplemente debía dominar algo... Pasarse el "Street Fighter" con Zangief, ayudarte en el "Cadillac And Dinosaurs" (porque tú siempre llevabas a Mustapha, obviamente), saberse el truco para meter el gol en semifinales, etc...

No tenían ninguna fama, y su momento de gloria era meramente casual. Eran unos cobardes que solo jugaban a aquellas máquinas que ya tenían dominadas, y la búsqueda de nuevos horizontes nunca fue un reto para ellos...

 

El jugador temático

Solo jugaban a un tipo de juegos, y nunca los verías haciendo otra cosa. Este tipo de jugadores, miraba con desprecio a los demás, ya que consideraba su elección como la única válida. Sus preferencias irían en este orden: Juegos de hostias 1vs1, juegos de fútbol, Tetris,  juegos de tías, juegos de hostias, plataformas, Street Hops 2, juegos de tiros, plataformas.

 

El del Tetris

Caso especial de jugador temático. Alguna vez jugaba al "Girl's panic", pero era muy difícil separarlo de su viejo y querido Tetris, aunque un malvado empresario tuviera la genial idea de meterlo en una máquina junto con otros 3 juegos, que iban rotando según se le daba a un botón.

 

El espontáneo

Tu echabas veinte duros (4 créditos) y este le daba "sin querer" al botón de "2 player", tú le echabas una breve mirada porque dos gigantescos gordos con martillos de piedra te estaban dando pal'pelo, y al final aceptabas su ayuda. Si acaba mal, te cagabas en sus muertos, si acababa bien, el hecho de haber pasado momentos difíciles juntos, creaba una amistad inquebrantable que duraba un par de horas.

Había otros que llegaban con su monedita y te ofrecían su ayuda, otras veces se auto invitaban y te los tenías que comer con patatas.

 

Los del futbolín

Estos eran unos auténticos fanáticos. Chillaban, celebraban los goles como en la vida real, sudaban como cerdos... Auténticas parejas de hecho, cada una con su handicap. Método: Quien pierde paga, o el que entra paga, vamos, un "rey de la pista". Eran ajenos a todo lo que sucedía en el resto del local, eran felices, muy felices...

 

Más o menos creo haber hablado de toda la gente de aquellos tiempos y lugares. Ahora, esta gente ha buscado un lugar en la actual sociedad, y estos microclimas ya son cosa del pasado. Lo más cercano en la actualidad, son las aberraciones modernas tipo SEGA PARK, llenas de parejitas de bakalas que están haciendo tiempo para entras al cine, y de niños porculeros acompañados de sus padres. No señor, no es lo mismo, ni de lejos...

Ángel, yo me pasé el TOKY