A lo largo de los últimos años muchos han sido los juegos, juguetes y productos de entretenimiento que han desaparecido de las estanterías de las jugueterías españolas, algunos nos dejaron para siempre, caso del Sprinter de Majorette (aquel cacharro para lanzar coches que año tras año nos machacaba con el mismo anuncio) o el Exin-Gol (que coñazo de juego), otros como el Subbuteo se fueron por un tiempo y volvieron con una nueva forma, más moderna, más actual y en definitiva más "una puta mierda", porque que me explique a mi alguien como se pueden sustituir las míticas figuritas por un cartoncito encima de una peana, vamos hombre...normal que haya quedado relegado a juego de treintañeros-cuarentones frikis sin nada mejor que hacer los domingos por la tarde que echarse "unos partidillos con los colegotes, porque los chavales de hoy en día están alelaos con tanta pleisteision, no saben lo que se pierden".

 

Pero de entre todos estos tristemente (o no) desaparecidos instrumentos de ocio hay un juego, o mejor dicho una gama entera de ellos que será difícilmente olvidable, una fábrica de frustraciones infantiles, un destructor de vocaciones, un causante de traumas ocultos cumplidos los treinta...la "Serie Nova" de Mediterráneo. 

 

Mediterráneo, juguetera aldayera, fue constituida como sociedad en 1978, eran los años de la transición, España se recuperaba de una crisis económica y la industria juguetera levantina era aún fuerte y poderosa, aún faltaban unos añitos para que los productos "Made in China" y "Made in Taiwán" surgieran de la oscuridad para dominar el Universo. Desde el principio la empresa dejó muy claro cual iba a ser su línea de negocio: fabricar juegos de mesa de carácter educativo eludiendo cualquier tipo de rivalidad o confrontación, nada de arruinar a tus colegas haciéndoles pagar un pastón por tu hotel del Paseo del Prado, nada de humillarles con tus conocimientos de empollón mientras ibas sumando quesitos, no, aquí se trataba de divertirse a la vez que aprendías y "compartías", o eso nos machacaban con su eslogan publicitario, aquel que decía: "De Mediterráneo: Juguetes para compaaaaaartiiir", y que unas voces al más puro estilo "Parchís" entonaban al final de cada anuncio, he de confesar que de vez en cuando aún resuena en mis más oscuras pesadillas.

 

La Serie Nova tuvo, a pesar de todo, bastante éxito en cuanto a ventas en España, y eso que pertenecía a la oveja negra de la familia juguetera, personalmente no creo que haya dos palabras en el diccionario de la RAE que combinen peor que juguete y educativo, productos como por ejemplo, el Sapientino de Clementoni (que me regalaron de pequeño, arghhh) o aquellos ordenadores cutres llamados Super Kikes (o algo así) eran indeseables por cualquier niño en su cumpleaños o en Navidades. Sin embargo los "Nova" eran bastante frecuentes en los salones/comedores de los hogares nacionales la mañana del 6 de enero, quizá debido a sus subliminales y cansinas campañas publicitarias, o quizá por aquellas frases que solían soltar nuestras madres en dicha fecha, tales como: "Oh fíjate Luisín, los Reyes te han traído algo que no habías pedido en la carta ¡que buenos son! ¡y es educativo! Lástima que se hayan olvidado el Heroquest..."

Hay que reconocer también que estos juegos poseían, salvando toda su lamentable parafernalia lúdico-educativa, algunas cosas que los hacían atractivos. Por ejemplo el continente en el que venían embalados, esas cajas gigantescas con el nombre del juego en cuestión y una foto de dos niños (chico y chica casi siempre) con ropas ochenteras rodeados de más trastos de los que traía en realidad el juego e intentando aparentar que se lo estaban pasando de puta madre hacían a uno imaginarse que podía ser un famoso astrónomo o geólogo sin salir de su habitación, esto se trasladaba también a los anuncios, donde veías a los chavales con sus caras mezcla de emoción y satisfacción manipulando los cacharros del juego mientras el narrador comentaba todo lo que "podías llegar a hacer" con semejante prodigio del ocio educativo. Otro aspecto destacable era la distribución del contenido de la caja, con varios apartados para guardar cada instrumento, solo con abrir cada bolsita en la que venían separados los elementos que componían el juego ya estabas entretenido hasta el 15 de enero por lo menos, además debe de haber alguna razón científica que explique porque de chavales nos gusta tanto colocar y descolocar cajas de juegos, coger, por ejemplo, los trastos del Terranova, sacarlos y volverlos a meter en sus respectivos compartimentos, ahí, todos colocaditos, cada uno en su sitio, jejeje, jajaja que felicidad, creo que el primer orgasmo se suele producir de niño realizando esta rutina repetidas veces.

La variedad de la gama de los juegos de Mediterráneo era alargada cual raya de perico en el camerino de Calamaro, más de una veintena de "Novas" llegaron a salir al mercado. Algunos de los más recordables son:

- Jabonova: estúpido como pocos, no debe de haber muchas cosas más tristes y aburridas que hacer pastillas de jabón deformes e inodoras para acabar regalándoselas a mamá, a los vecinos del quinto, a los tios y a la abuelita. Probablemente dentro de unos años presenciaremos casos de Cáncer de piel a gran escala debido al contacto cutáneo con dichos artículos de limpieza artesano-caseros durante 3 días (el tiempo que duraban en la jabonera del baño antes de que desaparecieran por el WC de manos de algún desaprensivo)

-Tejenova: de claro contenido machista, no era más que un supuesto aparato inservible con el que era imposible confeccionar cualquier cosa minimamente parecida a un trapo, con la consiguiente decepción de quien "jugara" con el.

- Choconova: este es un clasicazo ¿Quién no ha recibido de manos de un compañero al que le hubieran regalado dicho juego un bombón amorfo y de dudoso sabor el día 9 de enero al volver de las vacaciones navideñas? Permitía hacer muchos productos chocolatácticos (vocablo made in Nick Riviera) de distintos tamaños y formas, seguramente más de un niño glotón pasó totalmente del juguete en sí y se comió los polvos que venían para hacer el chocolate a palo seco. Que gran inversión navideña.

- Mosaiconova: otro de los más vendidos, y quizá uno de los mejores, lejos de ofrecer un pequeño kit cutre de científico júnior aficionado compuesto de trastos inútiles y aburridos (Solarnova, Astronova...) permitía desarrollar la imaginación mediante la creación de mosaicos, lástima que actualmente la demanda de "mosaicodores" sea escasa.

- Antroponova: este me hacía gracia, son sus huesos, su calavera, sus tonterías y su pinta de producto diseñado en exclusiva para "el empollón que se lleva todas las collejas de la clase" ¿Quién coño se podría divertir con eso? ¿Alguien se imagina a dos niños flipados con los huesos con una NES enchufada a un televisor al lado muerta de asco? Yo difícilmente.

Por otra parte, no hay que ser muy avispado para darse cuenta de que el eslogan de Mediterráneo es una de las grandes mentiras de la publicidad Ibérica (y ya es decir...), lo de "Juguetes para compartir" es de coña. ¿Alguien invitó de niño a algún amigo a su casa para jugar al Viveronova? ¿Se pegaban nuestros compañeros de clase por que los eligiéramos para compartir una apasionante tarde de Cristalnova con ellos? ¿Sustituyó Arquitecnova nuestras video-futboleras veladas vespertinas protagonizadas por el Match Day o el Italia 90? No, más bien eran juegos para sacarlos de la caja durante diez minutos, manosear los instrumentos un rato mientras uno experimentaba una sensación mezcla de ridículo y soledad para después volver a guardarlos en el armario, procurando siempre que nuestros padres se percataran de ello, ya que "Les habían costado mucho dinero a los Reyes", lo cual era cierto, porque estos juegos costaban un cojón y medio.

Los juegos de Mediterráneo se vendieron bien durante los años 80 y parte de los 90, pero, desgraciadamente para la empresa el mercado evolucionó, la industria juguetera valenciana experimentó una grave crisis, hasta que en 1996 Mediterráneo fue absorbida por MB-Hasbro, la operación estuvo valorada en la nada desdeñable cifra de 1.600 millones de pesetas de la época. Los nuevos dueños de la marca no supieron enfocar la Serie Nova al mercado, esto, unido a un cambio en los gustos de los consumidores (una nueva generación de niños más perversa, viciosa y desinteresada por los productos educativos) provocó que la marca desapareciera en pocos años. Hoy en día la Serie Nova ha quedado para el recuerdo en polvorientos armarios, maleteros, sótanos o buhardillas.

 

Sergio, Whyscolas para compartir