Hay una etapa de la vida en la que si todo el mundo hace
algo, se queda muy mal siendo el único que no sigue la
corriente. La cosa empieza desde la más tierna infancia con
lo de “jo, papa, todos mis amigos lo tienen”, pero en estos
tiempos se prolonga hasta los veintimuchos, aunque en otras
formas, como sucede el 31 de diciembre.
Creo que desde principios de octubre, mis
colegas ya empiezan a preguntar aquello de “oye,¿ que vamos a
hacer en Nochevieja?”. En cuanto tus padres te dejan irte de
fiesta en esa noche, por alguna extraña razón algún virus ataca
a la gente y es imprescindible hacerla memorable. Es cierto que
está dentro de las fechas en las que hay que dejarse todo el
sueldo del mes en comprar regalos para gente a la que no se ve
nunca y en comidas que te hacen estar metido en el báter la
semana de después, pero no se pueden justificar todos los actos
y fechorías que se comenten simplemente por ser Nochevieja.

En cuanto se tienen 16 o 17 años, es
obligatorio irse de cotillón durante 5 o 6 años seguidos, para
después poder criticarlos a gusto como prueba de que se ha
madurado. Sin embargo, hasta ese momento, hay que hacer lo que
sea para ir a uno porque todo el mundo que mola va y “tío, hay
una fiesta de la hostia”
La primera gracia de un cotillón es su
precio. Normalmente es casi el triple de lo que una persona
normal suele gastarse en un día de fiesta y si bebe poco o no
bebe en absoluto, no quiero ni imaginarlo. Personalmente, no
entiendo que hace un abstemio en un cotillón, ni en general en
un bar.
La justificación de un precio tan
desorbitado (según los carteles) es que se trata de una fiesta
privada, con la mejor música, barra libre de primeras marcas,
guardarropa, ambiente selecto y una fabulosa bolsa de cotillón.
Pienso desgranar una a una todas las mentiras de esta
publicidad, que es más falsa que el programa electoral de
cualquier partido con diputados en el parlamento.

Lo de fiesta privada es casi verdad, pero
debería decir “fiesta privativa” , porque los 50 o 60 euros que
cuesta la entrada hace que en muchas familias tengan que esta el
resto del mes de enero comiendo arroz y jamón de York si tienen
que pagarle entrada a dos o tres hijos.
La mejor música…. En fin, no debería ni
comentarlo. Debe ser la mejor música del top manta o el
cancionero recomendado por los primos de David Bisbal y ,
porque aún no he estado en ningún tugurio donde te puedan poner
en menos de 10 minutos a Camela, Operación Triunfo, Pimpinela,
los pajaritos ….y Duncan Dhu, para que los jevis estén a gusto,
ejem. Para evadirse de tal pesadilla, se hace lo mismo que en un
fin de semana normal cuando se está en un bar a disgusto:
castigarse el hígado hasta no oír la música.
Lo anterior nos lleva a la barra libre de
“primeras marcas”. Probablemente la frase más repetida por los
hombres que van a un cotillón sea -“si me bebo 10 cubatas
amortizo la entrada, aunque no pille”- Error, error. Ese es la
causa de casi todos los actos lamentables que suceden en aquella
noche. Aparte de que una persona normal raramente se bebe 10
cubatas, en su vida se toma los diez de un veneno semejante al
de las “primeras marcas”. Para darle todavía más glamour al
asunto, se suelen servir en unos lujosos vasos de plástico de
los chinos que se deshacen con mirarlos. No pasa nada, porque
hay barra libre y se pueden pedir más…¡mentira!

Pedir un cubata en un cotillón es como ir a
comprar el primer día de las rebajas. Todo el mundo va a estar
pegado a la barra hasta las 4 de la mañana y se puede tardar
hasta 40 minutos en conseguir bebida. ¿Qué se le ocurre a la
mente española en estas situaciones? Pedir las copas de dos en
dos o de tres en tres…. para cada uno. Cuando se tienen 3 vasos
en la mano, la única solución es vaciarlos cuanto antes. Y una
vez hecho eso, la música empieza a sonar bien.
¿Qué podemos decir del guardarropa? Debe
haber una cadena de tiendas clandestina que vende los abrigos
que la gente pierde esa noche, a juzgar por el número de
personas que vagan en mangas de camisa a las ocho de la mañana
camino a casa haciendo eses. Muchos no sabrán que han perdido la
ropa hasta las 5 de la tarde del día siguiente, cuando
descubran que la fiesta se ha acabado y están metidos en la cama
con el traje puesto…porque a una fiesta de ambiente selecto hay
que ir como a una boda, claro.
Lo del ambiente selecto, que he mencionado
arriba, me obliga a presentar a los dos personajes más típicos
del cotillón. Hablo naturalmente del “termo-gañán” y la
“termo-pija”. Como no quieren perder el abrigo en la fiesta,
directamente salen sin el. Sabia decisión. Se les ve claramente
en la cola de entrada, a unos 5 grados bajo cero, porque ellos
llevan solo el traje y ellas van medio desnudas embutidas en su
vestido. Rambo nos enseña que el dolor y el frío son
psicológicos, no hay que alarmarse. Lo curioso, es que
una vez dentro ellos no se quitan el traje, que a la media hora
se convierte en una segunda piel por lo que se puede llegar a
sudar.

A pesar de que un cotillón dura
aproximadamente 6 horas (bastante menos que una noche normal de
fiesta) todo lo que sucede dentro es como un fin de semana
concentrado. La primeras dos horas todo el mundo es muy digno y
está ocupado tratando de conseguir bebida o de acabársela para
poder tener al menos un brazo libre y lograr moverse, lo cual es
bastante difícil porque el número de personas suele ser el
doble del aforo real del local.
Cuando llegan las 3 de la mañana, la barra
comienza a estar accesible en algunos puntos y las corbatas
dejan de estar alrededor del cuello para quedarse entre la
frente y las orejas, formando el conocido “look-nochevieja”. La
bolsa del cotillón tapiza el suelo y la gente te cuela los
matasuegras en los cubatas o en los escotes…que no son
pocos.
Es el momento de ponerse el cuchillo entre
los dientes y terminar de amortizar la entrada. El segundo
efecto secundario del virus de la nochevieja vuelve a atacar al
cerebro tras dos viajes a la barra. La única cosa que se
consigue pensar es “ me he gastado 50 euros, los cubatas son una
mierda, me he comprado unos zapatos que me están matando, encima
voy con el traje (o vestido) …¿¿y no voy a pillar??”

Cualquier atisbo de dignidad queda borrado y
la masa de gente se empieza a comportar como animales en celo.
Ya no hay timidez y cualquier persona que te rodea es un amigo o
una posible presa. Recuerdo a un amigo mío huyendo de un grupo
de niñas borrachas con el escote hasta las rodillas. La escena
daba una sensación de risa y miedo insuperable.
A las 6 de la mañana “está todo el pescado
vendido” y los que no están enganchados a alguien en alguna
esquina, están buscando el abrigo, van camino del hospital, de
casa o simplemente no son capaces de salir de allí por su propio
pie y siguen amortizando la entrada a base de garrafón como
autómatas.
Quiero que algún psicólogo me explique, por
qué se va por propia voluntad a un sitio donde no se puede andar
de lo estrecho que se está , donde la música (aparte de ser una
mierda) no te deja hablar con nadie y la bebida es mala y cara.
Si no es genético, no lo entiendo. A pesar de ello , yo he
repetido 5 veces la misma experiencia y el día después seguíamos
diciendo que había sido la hostia
Pablo
Luté. María, que buena estabas con el vestido rojo.
