¡Pares o nones! Así comenzaba la división en
castas dentro del mundo del colegio. Cuando había que jugar
algo, normalmente era necesario formar equipos y con menos de 10
años uno se daba cuenta de que la democracia era mentira, porque
no todos éramos iguales. La manera en la que esto funcionaba era
bien simple. Dos personas sacaban las manos con un número de
dedos (la gente normal, entre 0 y 5 por cada mano) y si la suma
del total de dedos era par, pues comenzaba a elegir el que
eligió pares. De ser impar, elegía el que escogió nones. Que
alguien me explique en el foro de donde coño viene lo de
“nones”.
Fuera el juego que fuera, nadie quería echar
pares o nones, porque suponía decir delante de todo el mundo
quién era bueno y quién malo. Aparte, la amistad entre los que
allí estuvieran hacía que la gente fuese elegida antes o
después. ¿No lo veis? Es un proceso de selección de personal con
tráfico de influencias y enchufismo al más puro estilo español.
Tras unos pares o nones, surgían enemistades muy agrias que
alguna vez acababan en peleas. En mi colegio llegó a haber una
especie de consejo de sabios encargado de elegir a las personas
más adecuadas para esta labor.

Que te eligieran primero en un juego era un
honor, porque daba cierto rango dentro del colegio y un poco de
respeto entre los tíos. El objetivo era no quedar como el último
a ser elegido. Ser el peor en algo y encima que todo el mundo
lo supiera, era una humillación terrible. Como en la vida
adulta, era preferible ser uno del montón y ser elegido e la
tercera o cuarta ronda, que pasar a la historio por ser el
último. Esta circunstancia se podía suavizar cambiando de juego
de vez en cuando, porque el que era bueno al fútbol era un
paquete en baloncesto y el que corría mucho iba muy bien para el
pañuelo (o similares), pero la coordinación no era lo suyo.
Por supuesto había excepciones en ambos
sentidos, porque en toda clase estaba el semi-dios que siempre
era una máquina en cualquier deporte y la foca-bola-de-sebo que
solo era importante cuando la portería era pequeña y con su culo
ya bastaba para cubrir los dos postes. Esas pequeñas cosas eran
predecibles y muchas veces se sabía ya como iban a quedar los
equipos sin que hiciera falta echar pares o nones. Hay que
resaltar también las rivalidades personales que hacían imposible
la convivencia de ciertas personas dentro del mismo equipo…o
todo lo contrario.

“Yo quiero estar en el equipo del Juanaco,
que es buenísimo” “Paso de jugar con este tío, que es un chupón”
Esto no son titulares del MARCA, era el día a día en la hora del
recreo. Si los que habían echado pares o nones no habían tenido
cuidado al hacer los equipos comenzaba la transferencia de
jugadores de un equipo a otro. Si solo había un par de cambios
no pasaba nada, pero podía cundir el caos general y tener que
empezar de nuevo a elegir a la gente (nuevamente tras una corta
pelea)
Personalmente, hasta que di el estirón estaba
hecho una foca y evitaba jugar al fútbol por no soportar que me
eligieran de los 3 o 4 últimos. Al crecer resulta que corría
como Manolete delante del toro y había veces en las que incluso
me eligieron primero para ciertos juegos. Eso y solo eso es la
gloria, claro que si. Al fútbol sigo siendo un cáncer total y
absoluto, solo a la altura de ciertos jugadores del Albacete
Balompié.

Una de las cosas buenas que tenían las
clases mixtas, era que en Educación Física, el profesor nos
obligaba a hacer equipos mixtos para cualquier actividad
imaginable….y lo más asombroso de todo: él era quien escogía a
los encargados de hacer los equipos, aunque fueran chicas.
¡¿Dónde vamos a ir a parar?! Por estos motivos, los partidos o
juegos en esta clase no se tomaban muy en serio y por todos era
sabido que los resultados realmente válidos eran los que
ocurrían fuera de clase.
Los métodos del profesor para poner en
práctica la igualdad, causaban el caos en el delicado equilibrio
que existía en el mundo de los pares y nones. Se veían equipos
que nunca hubieran existido, donde convivía gente de distinto
sexo, sin importar lo bien o mal que se llevaran ni lo buenos o
malos que fueran a lo que se jugara. En más de una ocasión, el
desorden formado en algún deporte por gente del mismo equipo que
no se coordinaba o simplemente se llevaban a matar, acababa en
un 0 para todos, la elección meticulosa de los equipos por parte
del profesor o el abandono definitivo de la enseñanza por parte
de este.
-“A ver, hija de puta, ¿quieres dejar de
pasarle el balón al gordo y a tus amigas?, que vamos a perder el
partido y nos van a poner un negativo, pija de los cojones”,
“Profe, en mi equipo son todos unos desgraciaos”,” Los chicos no
nos pasan la pelota, jooo”. Estos son solo unos pocos ejemplos
de los estragos causados en el normal orden de las cosas gracias
a elegir a los miembros de los equipos, por ejemplo, en orden
alfabético. Una vez llegado a este punto, se llegaba a la
solución final, que no era la crucifixión de todos los alumnos
en el gimnasio, sino que los que mayor nota tenían en deportes,
echaran pares y nones para hacer los equipos con la condición de
tener cierto cupo de tías.

Esta manera de hacer las cosas era la que
menos problemas causaba, pero también daba lugar a situaciones
curiosas…y deshonrosas. La verdad duele, pero todo el mundo
admitirá que en el 99% de las ocasiones las chicas eran las
últimas en ser elegidas. Si se quería disimular delante del
profesor, se las podía elegir antes de los tíos. Sin lugar a
dudas este es el ú-n-i-c-o momento en la vida en el que
un hombre hace preguntas y valoraciones sobre las
características de una mujer tales como “¿Cuánto corre?” “Escoge
a la que tenga las tetas pequeñas, que se moverá mejor” “No, a
la pija no, q es gilipollas y no sabe ni chutar” “eh, pilla a
Carmen la Gorda, que es un marimacho y tiene más fuerza que
ninguna”. Las tías buenas no estaban hechas para la guerra, no
señor… yo siempre elegía a las tías que más asustaban y
funcionaba.
Sin embargo, la cosa más curiosa y
humillante que nos podía suceder era ser elegidos después de
una chica. Hasta ellas mismas consideraban a esa persona como un
apestado y un macho poco apto para cualquier cosa. En el mundo
del colegio, una cosa era ser muy malo jugando al fútbol, pero
ser peor que una tía era otra muy distinta…y muy vergonzosa.
En términos globales, como un método
hitleriano de selección racial, los pares y nones mixtos
configuraban una clasificación física de la gente del colegio,
donde se veían quienes eran los más sobresalientes y quienes
morirían primero al estallar una guerra.
Pablo Luté. Nunca me eligieron para
echar pares y nones
Aderezado
con las fotos y comentarios elegidos por Ángel
