A medio camino entre el colegio y el instituto, nuestra vida comenzó a dar un giro al que seguiría una hostia tras otra contra el suelo. Pues en el camino hacía la vida adulta los juguetes y las consolas dejaron de existir cuando nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de tetas. En realidad era algo de lo que cada uno se daba cuenta en su momento, pero el primer día de colegio en 7º de EGB, se hacía patente que a las chicas de la clase les habían puesto algo en la camiseta.

            Una vez llegados a ese punto, comenzaba una reacción en cadena que ponía patas arriba la vida social de la clase para no volver nunca más a ser como antes. De repente se olvidó lo de “las niñas son tontas” por lo de “que buenas están todas”. En una fase más avanzada, a este nuevo chascarrillo se le añadió el de “las tías son todas unas *****”, frase fruto de experiencias infructuosas y primer pedazo de mierda de la vida de “los mayores”

            De la noche a la mañana, juntarse solo con tíos dejó de ser lo normal y aconsejable para empezara ser una putada bien gorda. Estaba claro que había que hacer algo, pero estaba todavía más claro que no teníamos ni puta idea de cual era el siguiente paso. Como lo de preguntarle a un padre estaba descartado (aún me pregunto por porqué), se echo mano de imitar  las cosas raras que hacían los de cursos superiores. Claro, en esos tiempos un chaval de 15 años nos podía explicar todo sobre la vida, por muy penoso que parezca ahora….pero es que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Visto en este momento es como pedirle a Farruquito que te enseñe a conducir. Pero al ver como las compañeras decían que “los de 1º de BUP están super buenos y no son unos críos”, algo debían tener los cabrones para que a nosotros no nos hicieran ni puto caso.

            En este momento fatídico, las cosas empezaron a dividirse en “lo que mola y lo que no mola” o más bien “en lo que les mole a ellas”. Desde el primer instante quedó claro que lo de juntarse a comer sándwiches de nocilla y tirarse pedos no era muy del gusto de  ellas, así que empezó a ser visto como algo antisocial…hay que joderse. Yo tenía pocos amigos por aquella época en el colegio porque no me gustaba el fútbol, pero tenía un walkman y me gustaba Nirvana. Me cambiaba cintas ( ver artículo al respecto) con una tía de mi clase y pasé de ser “el maricón” a “que cabrón”.     

            En la clase empezaban a rular las notitas de “Carmen dice que Juan tiene buen culo”. Esto era motivo de cachondeo general y de cotilleos insospechados. Claro, nadie sabía que hacer cuando alguien decía algo semejante. Es increíble como una tía te puede poner en ridículo por algo semejante y tu ni siquiera le puedes pegar. Es más, ese ridículo molaba la hostia y te sentías especial.

            Después de la notita, podías hacer dos cosas. Pasar del tema era lo más fácil, porque en aquellos tiempos (ni ahora) no se sabía distinguir muy bien el amor de una erección y  a saber como salir de aquella situación. La otra opción era sacar pecho y contestarle…ese era el camino de la gloria pero también el que estaba lleno de mierda, porque una de las cosas que tenían los inicios de nuestra vida privada…ES QUE ERA PUBLICA. Las causas de este fenómeno son varias:

            1- Tener algo con una tía era algo raro en esa época, así que el resto de la gente tenía que hablar de los demás para suplir las carencias de su vida sentimental. Justo como ahora, pero sin disimular. Muchos de ellos iban detrás de la gente que se iba a los bancos a darse unos besitos, imitando a los del Aquí hay Tomate.

            2- A muchos nos faltaban huevos para hablar directamente con una tía después de saber que le gustábamos o viceversa, así que había que hacer uso de mensajer@s o “celestinas” para comunicarnos con ella y decirle lo de “dile que me gusta y que me quiero liar con ella” El mensajero, aparte de traer el mensaje, daba su opinión personal sobre el estado o las ganas de la otra persona. Esto era realmente útil para saber el próximo paso a dar. Como en las modernas redes  de comunicaciones de hoy, el mensaje se podía perder o distorsionar al pasar de boca en boca, jodiendo por completo el objetivo a conseguir.

            3- Como no se tenía ni puta idea de que hacer, se pedía consejo a la gente de alrededor, aunque ninguno del grupo hubiera estado jamás con una tía, claro. La persona que más solía hablar y aconsejar en el caso de los tíos era generalmente el que menos sabía de todos, pero creía que así era más macho. Eso funcionaba hasta los 15 años. A partir de ahí daba pena lo de “si, yo me he liado con mil, si, en mi pueblo, y le toqué…uhm, el culo, si”.

            Lo del grupo de consejeros era jodido, porque ellos también decidían si una tía estaba buena o no. Tu estabas todo ilusionado porque le molabas a una y bastaba que alguno saltase diciendo “que fea, esa tía es lo peor, le huele el sobaco” (para negar más veces que  Pedro a Cristo que habías dicho que esa tía te gustaba). Argumentos sólidos  y tajantes, sin duda. También solían venir de la persona a la que menos caso hacían las mujeres y que con 40 años está bebiendo cubatas a las 11 de la mañana en algún puticlub. A pesar de ello, se tenía tan poca personalidad y tanto miedo, que la opinión de los demás importaba tanto o más que la propia, porque salir con el feo/la fea, te podía devolver a la categoría de marginado social por mucho tiempo… el necesario para que todos tus amigos hubieran hecho lo mismo. Solo era cuestión de empezar a beber.

            Precisamente, uno de los frutos de empezar a perseguir a las mujeres, es que había que meterse en los bares a por ellas…porque ellas iban detrás de los mayores, etc ,etc…el círculo vicioso de la sociedad española. Cuando tras  muchos intentos fallidos, mareos y vómitos se conseguía poder acabarse cualquier bazofia que tuviera alcohol, se estaba listo para declarar las intenciones a cualquier  persona del local. Ir con un tercio en la mano molaba porque parecías mayor y si alguien te dejaba un cigarro, pues todavía más. Todavía esta por ver  como sería lo de ir a ligar con una jeringuilla en el brazo…. Si a los que llevan coca  les funciona, ¿por qué no?

            No había que currárselo mucho, porque todo el mundo estaba como loco por liarse con alguien y no se necesitaban excesivos engaños ni conversaciones que van a ninguna parte. Esa era la época de “dile a tu amiga que si quiere rollo”. Diossss, me encanta esa frase. Es perfecta y simple, para algo perfecto y simple. Los intentos de usar esta táctica con alguien que tenga más de 17 años, son vergonzosos, advierto. Todo tiene una época chavales, si no aprovechasteis la oportunidad, mala suerte.

            Había veces en las que se olvidaba hasta preguntar el nombre de la persona con la que te estabas liando. Algunos se enfadaban, a otros les daba igual, porque estaban en la misma situación. Una de mi clase era la que creaba y destruía parejas. A eso de las 10 de la noche, cuando ya llevábamos un par de tercios cada uno (a 80 pesetas, ciegos perdidos) empezaba a secuestrar a la gente con la excusa de “ven, que te voy a liar  con esta, que le molas”. Abandonaba a dos desconocidos en una esquina de un bar, que a veces se liaban por no quedar mal.

            Que comienzos más duros, pero a que gran época dieron lugar. Lo de salir en serio con alguien (mas de una semana),  vendría con el tiempo, pero eso ya lo conocéis todos….por vuestro bien espero que si.

                        Pablo Luté : Yo mancillé el banco de la biblioteca del parque.