“Aún no he superado lo de las tetas de Sabrina en la Navidad del 88”, esa frase la tenemos grabada todos en nuestras mentes, dormida, esperando el momento de recordarnos todo lo que vivimos en ese mágico momento.Sin duda, esa ha sido la Navidad más mítica de toda la historia de los españoles, ni siquiera cuando lo de la empanadilla de Martes y 13 o la borrachera de todas tus tías sexagenarias podrías superar algo así. Esta chica consiguió de paso pagarse la jubilación, la letra del piso y ocupar un lugar en el corazón de todos nosotros…que sin duda no son  tan grandes como el suyo, me juego el cuello, tíos.

            Yo tenía por aquel entonces solo 7 años y la Navidad molaba porque si, no necesitaba a ninguna cantante italiana. Te daban un par de regalos, comías gambas como si fueran pipas y por alguna razón mis tíos se ponían siempre a decir tonterías a eso de las 12, sin razón aparente…más tarde supe que era debido al conocido efecto Rioja.

            La noche transcurría normalmente, con los mayores en una mesa y los pequeños pegados a la tele para no dar el coñazo, como en todas las familias de bien. Lo de “pequeño” es un término relativo que se ajusta al tamaño de la mesa del salón de cada familia. Yo tengo 23 primos hermanos y lo de sentarse en el suelo a ver la tele se podía prolongar perfectamente hasta la hora de hacer la mili. Fue la presencia de los primos que estaban ya creciditos lo que hizo que toda la familia volviera la cara al televisor cuando uno de ellos gritó “vaaaaaaaya tíííííííía”

            En ese momento la “artista revelación italiana” saltó (una de tantas veces) al escenario y  aseguran que empezó a sonar la música, pero yo estaba mirando a cierto sitio y en mi casa solo se oían los rugidos de mis primos. Antes de que  el primero dijera lo de “se le salen, que se le salen, joder” mi abuela amenazó con el infierno eterno y la condenación  a quien viese la tele y acto seguido se marchó a la habitación para no ir al infierno de cabeza.

            Más tranquilos ya, eso parecía un partido con la Selección a punto de marcar un gol. Todos los hombres de pie  gritando “huyyyy” a cada salto de la chica con las venas marcadas en la frente….otro síntoma del efecto Rioja. En un momento dado, el melonar importado de tierras italianas no soportó más la presión a la que le sometía el sostén…. y España gritó como debe gritar la gente cuyo país gana un mundial. Parecía el momento de Franco ha muerto. No se habló de otra cosa en el resto de la noche y daría lo que fuera por haber visto las conversaciones en los bares esa noche. Eran los primeros pechos que yo había visto moverse y no en papel y me quedé traumatizado para el resto de mi vida, pero había encontrado mi vocación. Aparte, pregunté inocentemente al grupo de mayores que si eran mejores unas tetas grandes o pequeñas….jamás, jamás de los jamases me olvidare del debate que surgió a continuación. ¿Por qué no teníamos una grabadora?

             Aparte de vender nosecuantas copias de su disco, la chica apareció mil veces más en la televisión de la época, en todas las revistas y demás medios de comunicación hasta convertirse en un mito erótico de la época, que debe rondar ya los cuarenta años.

Tal fue el movimiento (y nunca mejor dicho)  económico que originó era generosa pechuga latina, ¡que hasta tenía su juego de ordenador!

            Si señores, el ordenador proletario, el spectrum sacó un video juego  con nuestra amiga Sabrina como protagonista. No quiero ni saber de que era la temática, pero mis primos mayores dicen que se lo compraron….y de tetas nada, una decepción. A pesar de esa operación comercial, creo que esos pechos con forma de gota de agua ligeramente hacia arriba y pezones modelo “galleta maria”  merecen un lugar de honor en la historia de la televisión.

Luté, adalid de los pechos sin silicona